
En el noroeste de Malí, cerca de la frontera con Mauritania, el grupo yihadista Jamaat Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), afiliado a Al Qaeda, ha desatado una nueva ola de terror contra la población civil, exacerbando una crisis humanitaria que parece no tener fin. En los últimos días, los habitantes de la aldea de Dianké han sido forzados a abandonar sus hogares bajo amenazas de violencia, mientras las localidades de Léré y Nampala enfrentan bloqueos que han cortado el acceso a alimentos, medicinas y ayuda básica. Estos eventos, ocurridos en febrero de 2025, reflejan la creciente osadía de JNIM y el deterioro de la seguridad en la región del Sahel.
El Drama de Dianké: Desplazamiento Forzado en el Desierto
En Dianké, una aldea situada en una zona estratégica cerca de la frontera mauritana, cientos de residentes fueron expulsados de sus hogares por militantes de JNIM. Según informes locales, los yihadistas no se limitaron a emitir amenazas: para reforzar su ultimátum, golpearon a varios civiles y prendieron fuego a casas, dejando un claro mensaje de intimidación. Los desplazados, abandonados en el desierto sin comida ni agua, enfrentan ahora condiciones extremas, con pocas posibilidades de recibir ayuda inmediata debido a la inestabilidad de la región. Este acto no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia recurrente de JNIM para controlar territorios mediante el miedo y el desplazamiento.
Bloqueos en Léré y Nampala: Una Crisis Humanitaria en Curso
Más al este, en las localidades de Léré y Nampala, el grupo ha impuesto bloqueos terrestres que han aislado a las comunidades locales. Estas tácticas, diseñadas para asfixiar a la población y debilitar la presencia del gobierno maliense, han dejado a los residentes sin acceso a suministros esenciales. Alimentos y medicinas escasean, mientras las condiciones de vida se deterioran rápidamente. Las fuerzas armadas de Malí intentaron romper los bloqueos, pero se vieron repelidas tras sufrir emboscadas coordinadas por los militantes. Estos enfrentamientos evidencian la capacidad de JNIM para desafiar al ejército nacional, incluso en áreas donde la presencia militar había sido reforzada.
JNIM y su Ideología: La Voz de Amadou Koufa
Jamaat Nusrat al-Islam wal-Muslimin, formado en 2017 como una coalición de grupos yihadistas del Sahel bajo el liderazgo de Iyad Ag Ghaly y con fuertes lazos con Al Qaeda, ha consolidado su influencia en Malí a través de una mezcla de violencia y control social. En una entrevista reciente con el periodista francés Wassim Nasr, publicada por France24 en octubre de 2024, el líder adjunto de JNIM, Amadou Koufa, defendió las acciones del grupo como parte de su lucha por imponer su visión del islam en la región. Koufa, emir de la Katiba Macina —una de las facciones más activas de JNIM—, justificó los ataques contra civiles y fuerzas gubernamentales como una respuesta a lo que considera una opresión sistemática contra las comunidades locales, particularmente los fulani, a quienes dice representar. Sin embargo, sus palabras contrastan con las imágenes de sufrimiento que dejan tras de sí operaciones como las de Dianké, Léré y Nampala.
Un Patrón de Violencia y Expansión
Los eventos de febrero de 2025 no son una anomalía. JNIM ha intensificado sus operaciones en los últimos meses, extendiendo su alcance más allá de Malí hacia países vecinos como Burkina Faso y Níger. En enero de 2025, el grupo reclamó la autoría de un ataque contra una caravana de camiones marroquíes en la frontera entre Malí y Mauritania, hiriendo a varios conductores y demostrando su disposición a golpear objetivos económicos. Además, su rivalidad con el Estado Islámico en el Gran Sáhara (ISGS) ha alimentado un ciclo de violencia que complica aún más la situación en el Sahel. Organizaciones como Médicos Sin Fronteras han advertido sobre el impacto humanitario de estas acciones, destacando cómo los bloqueos y ataques han restringido el acceso a la atención médica en zonas bajo control o influencia yihadista.
El Desafío para Malí y la Comunidad Internacional
El gobierno de Malí, respaldado por aliados como el grupo Wagner desde la retirada de las fuerzas francesas en 2022, enfrenta un reto colosal. A pesar de los esfuerzos militares, la incapacidad para proteger a la población civil y romper los bloqueos de JNIM pone en entredicho la eficacia de su estrategia. La comunidad internacional, por su parte, observa con preocupación cómo el Sahel se convierte en un polvorín de inestabilidad, con implicaciones que trascienden las fronteras africanas. Informes del Consejo de Relaciones Exteriores de 2024 ya advertían que la fortaleza de grupos como JNIM amenaza con desestabilizar toda África Occidental, afectando incluso intereses de seguridad y económicos en Europa y Estados Unidos.
En Resumen
Los sucesos en Dianké, Léré y Nampala son un recordatorio sombrío de que, en el Sahel, la población civil sigue siendo la principal víctima de un conflicto alimentado por intereses ideológicos y geopolíticos. Mientras JNIM consolida su poder y la crisis humanitaria se agudiza, la pregunta persiste: ¿cuándo y cómo se podrá detener esta espiral de violencia? Por ahora, las familias desplazadas en el desierto y los habitantes atrapados tras los bloqueos esperan respuestas que no llegan, atrapados en una guerra que no eligieron.